Ellos no se rinden. Siguen insistiendo. La organización Ciclovías Tucumán realizó la semana pasada la quinta bicimovilización, una manifestación en bicicleta con la que vienen reclamando a la Municipalidad la puesta en marcha de una serie de políticas destinadas a fomentar el uso de la bicicleta.

El grupo, creado hace dos años, tiene claro que para llegar a la meta -cualquiera que esta sea- hay que dar un primer paso. Y es eso lo que está pidiendo: un primer paso en la construcción de una ciudad que proteja el medio ambiente, la economía familiar y la salud. Y, por sobre todas las cosas, que haya podido resolver la congestión en que se sumerge el tránsito todos los días, y no sólo en la zona céntrica.

La organización pide que se establezcan 10 kilómetros (o 100 cuadras) de ciclovías por seis calles céntricas: Laprida, 24 de Septiembre, 25 de Mayo, San Martín, Ayacucho y Chacabuco.

De acuerdo con los estudios que realizó Ciclovías Tucumán, esas 100 cuadras bastarían para descongestionar el tránsito en el centro.

Hace unos días el intendente, Germán Alfaro, inauguró la primera ciclovía de Tucumán, en la avenida Las Américas. Y sin duda eso también es un primer paso, importantísimo, para incentivar el uso de las bicicletas. Pero sería deseable ir más allá a fin de dar una respuesta al atolladero que es el tráfico en el centro de la ciudad. Y en ese sentido, sería muy bien visto que la Municipalidad recoja el proyecto y, al menos, lo analice y dé una respuesta a la agrupación, que ha presentado este pedido numerosas veces.

Por supuesto que con la mera construcción de ciclovías no se llega a la meta de generar un uso masivo de las bicicletas para circular por la ciudad. Esto tiene que ir acompañado, necesariamente, por normas claras respecto a la circulación en bicicleta, la señalización correspondiente en las calles, infraestructura que contemple, por ejemplo, el estacionamiento, y, por encima de todo, campañas de concientización sobre los beneficios de dejar el auto o el transporte público y ponerse a pedalear, así como del cambio cultural que implica pasar de una sociedad acostumbrada al transporte automotor a otra que prioriza más a los peatones y los ciclistas.

Hoy, tal cual están las cosas, cualquiera, por mucho que le guste andar en bicicleta, dudaría antes de lanzarse a hacerlo. Las calles son inseguras si no se cuenta con una senda demarcada para que sólo transiten estos vehículos a pedal. Los automovilistas, por su parte, sentirían que las bicicletas son un estorbo y un peligro. También la inseguridad, en cuanto a los robos, juega en contra. De sobra lo saben los motociclistas.

Por eso mismo, es interesante el proyecto de la organización tucumana, que apunta a empezar por un sector céntrico, por donde no circulan ómnibus, y por donde puede haber mayor seguridad.

Claro que este proyecto no puede sostenerse con la sola acción de la Municipalidad. Es fundamental que la ciudadanía se implique. No solo en cuanto a exigir sino también en presentar proyectos, ideas y propuestas para hacer un cambio en la situación del tránsito urbano.

Y justamente, por haber aparecido una organización que está moviendo a la sociedad y siendo fuente de inspiración para otros sectores es más lamentable que la Municipalidad no les dé cabida. Es a este tipo de grupos sociales, que aportan para un cambio beneficioso, a los que hay que escuchar y dar respuesta. Cualquier acercamiento significará un avance.